Cementerio olvidado, entre el desierto y algarrobales

Por Helvio Sosa Suarez

Lleno de misterios y Leyendas te invito a sumergirte en nuestras historias, en esta crónica fantástica que mezcla personajes que vivieron y viven en Santa Rosa, relatos que fueron pasando de generación en generación y nunca perdió su encanto y esencia.

Esto sucedió en el año 1988 cuando estaba el Intendente, Jorge Orlando Olivares el Lito, por el Justicialismo al mando de nuestro Santa Rosa.

Un grupo de vecinos de Ñacuñan se hizo presente en la puerta del municipio reclamando.

No eran por aumentos de sueldos, no eran por mejoras, no era por los comicios que venían sido medios complicados en esos días, porque las elecciones no eran directas, como ahora, eran por electores.

Los vecinos se habían auto convocado porque le habían robado las cadenas a Humberto Bianchi, unos de los que estaban enterrados en el Cementerio Olvidado de Comandante Salas.

Don Valdez

-‘‘Queremos dormir en las noches sentimos cadenas, en nuestros puestos. Los perros aúllan. Ya no sabemos qué hacer, le sacaron las cadenas al encadenado’’.

Don Montiel, el Sanrafaelino, de origen Pampeano, comentaba: ‘‘Le robaron las cadenas por favor necesitamos que manden a alguien y arreglen esta situación’’.

El jefe comunal les refirió yo me estoy yendo a La Josefa, por la Escuela Albergue, que queremos inaugurar, voy a hablar con  el Director de Servicios Públicos, para que le ayuden en esta inquietud.

El Director de Servicios públicos se quedó con los vecinos y el Intendente se retira a la Escuela en Construcción.

¿Quién es Bianchi? Pregunta el funcionario.

-‘‘Es el encadenado del viejo cementerio’’ le decían.

Ahí le comentaron que don Humberto Bianchi era un obrero de origen austríaco que se radicó en la zona a raíz del trabajo que realizaba en las vías del tren en la estación Comandante Salas. Y se enamoró de la esposa del jefe de la estación y mantuvieron una relación que fue descubierta por el esposo, quien juró matarlo. La amenaza no llegó a cumplirse  porque Bianchi se suicidó. La tumba se encuentra cercada con cadenas, tal como indicaba la tradición que debe hacerse con quien toma la decisión de quitarse la vida.

Don Montiel comentó ‘‘No a mí me dijo mi Tata, que en ese tiempo se consideraba un pecado muy grande la relación amorosa de una mujer casada. Y  cuando fue sepultado, a la mañana siguiente sus restos fueron encontrados fuera de la tumba, el contaba que era el propio demonio quien lo arrojaba del camposanto para que no descansara en paz, por lo que se tomó la decisión de encadenar la tumba, bajo la cruz mayor para proteger al difunto y ya no fuera desalojado del camposanto’’.

Ahí mando al personal que las coloque.

-‘‘Pero díganme bien la ubicación del lugar’’.

Don Valdez le dice:

-‘‘Pasando la Estación de Comandante Salas por la 153, en el km 63 pasando la segunda curva ingresas por el campo a 150 metros al este’’.

-‘‘No vamos a llegar dice retruca el funcionario.

-‘‘Los acompaño yo expresa, Valdez’’.

Así se dirigen al lugar por la 153, no estaba el camino como está ahora, asique se tardan un poco van en una Ford 250 modelo 85, Manejada por el Agente Municipal Jorge Alturria Giménez, blanca, hermosa, sin detalles, inmaculada, que cruje con cada pozo que agarra y se sienten las cadenas qué golpean contra la carrocería  y es  cierto no hay un cruce una marca no hay nada. Así es pasando la estación de Comandante Salas, después de la segunda curva pasando el km 63.

Se detiene Valdez en su Rastrojero celeste doble cabina modelo 1965, fabricado por la Dirección Nacional de Fabricaciones e Investigaciones Aeronáuticas (DINFIA),  con motor IKA.

-‘‘Por acá es compañeros les dice entre dientes’’.

Se bajan y cruzan la calle al este, pasan el alambrado y van entre jarillales, alpatacales, junquillos, alguna huella de un zorro que paso por ahí, pezuñas, cuevas de peludos y el ruido del viento entre las ramas de los chañares.

Entre la nada y el matorral en un área de unos 200 metros cuadrados, que ahora solo están marcados por postes y alambres caídos y un portoncito metálico caído e inútil, aparecen las cruces. Están en pie o más o menos las que son metálicas, de hierro forjado. Algunas maderas sueltas dan el indicio de que había otras más que no resistieron el paso del tiempo. Sólo un par de cruces aún conservan su identificación.»Humberto Bianchi. Fallecido el 14 de abril de 1913. Hay una placa sucia. Dice: «Ysidoro Rodríguez. Nacido el 14 de diciembre de 1941. Fallecido el 20 de diciembre de 1941». Si Ysidoro era un Bebe que solo vivió 6 días. Entre otras que solo conservan el año 1920/1922.

La cruz mayor de madera al final del predio, añeja, sucia descacarañada, olvidada, Jesús en el centro mirando, testigo del tiempo, de las personas que pasaron, casi debajo de sus pies esta la tumba de Humberto.

Sobresale en medio de una geografía de tumbas, el más universal de todos los símbolos, el que representa la religión cristiana. Es que allí atraídos por una vivencia espiritual llegaban a rezar, a colocar y encender velas y flores, aquellas personas que tenían sus familiares fallecidos en cementerios de lugares distintos o lejanos. Dejaron un jarrón de barro rodeado de ladrillos más vetustos aún.

La de difunto estaba en el centro rodeada por hierros oxidados tétricos y de forma de puntas de lanza donde descansan sobre él unos ganchos donde se notaba que estaban las cadenas. Bajan las cadenas y las dejan soldadas en lugar.

Lo que les costó meter la antigua soldadora y el generador portátil a combustión por entre los matorrales, se pusieron a soldar las cadenas en el lugar terminaron y pintaron todo de negro. Se despidieron y volvieron cada uno a su lugar.

Don Valdez contento para su Ñacuñan, para avisar a los vecinos que ya estaba todo bien con ‘‘El Encadenado’’.

Y el personal del municipio volvió para la villa.

Desde ese momento hasta la fecha el cementerio continúa olvidado, sin marca, sin nadie que le lleve alguna flor a un difunto. Y las cadenas inertes soldadas como ese 1988. Las cruces de madera desgastadas por el viento, alguna Semi-Enterrada por la arena.

Solo se escucha a lo lejos uno que otro camión pasar, un vehículo, tal vez una moto.

Han pasado muchos años, desde esa fecha y el cementerio continua olvidado entre el campo muy pocos lo conocen, pero los que los conocen continúan contando sus leyendas y vivencias.

Preludio Virgen de Itatí contada desde el KM 63

Es un 7 de septiembre del 2018 son las 23:00hs de la noche se escuchan tonadas, relinchar caballos y risas a lo lejos.

Es la tradicional Peña de los Jinetes, en honor de la Virgen de Itati en que se realiza todos los años en Ñacuñan, están apostados en el km 45, un puesto de Vialidad. Todos los años las Agrupaciones Gauchas se detienen ahí a descansar para salir al otro día de nuevo rumbo a Ñacuñan.

Esa noche como todos los años el Sr Ortiz Martin junto a sus amigos se encuentra alrededor del fogón descansando de la larga cabalgata iniciada en Tiro Federal de Las Catitas, a las 8 de la mañana. Hablando de vivencias y experiencias de años anteriores, entre sus comentarios refiere los horarios y la salida al otro día.

-‘‘Mañana saldremos a las 7am  y en el km 60 en Comandante Salas desayunaremos’’.

‘‘Que es comandante salas pregunta Genaro’’.

Genaro es un niño que es su primer año, junto a su abuelo Don Reinaldo Robles, en la cabalgata.

-‘‘Es una antigua estación de trenes que se llama así y tres kilómetros más adelante, atrás del bordo entre el campo está el cementerio abandonado’’. Te vamos a llevar para que lo visites.

– ‘‘No, no quiero’’.

– ‘‘Pórtate bien entonces si no te lo llevamos a conocer y te dejamos por allá’’.

En la agrupación también va Martin Suarez y su hermano,  hablan de lo mismo. Siempre van los tres pero Mario se fue antes a preparar el puestito de Pernil y jamón crudo con su amigo Hugo Presiani, que se han ido antes en vehículo.-

Santiago:

-‘‘Y si mañana cuando estemos desayunando en Comandante Salas, le robamos las cadenas al difunto a ver si es cierto que sale a deambular’’.

Martin:

-‘‘Tas loco a ver si nos persigue hasta la casa después y si la mama se entera nos mata’’.

Santiago:

-‘‘Dale a la vuelta se la sacamos’’.

Como todos los años se olvidan a la vuelta porque los traen o vienen durmiendo en la silla del tostado o el alazán.

Santa Rosa tiene muchas historias que son parte de su gente, que se va transmitiendo de generación en generación. Algunas distorsionadas o en destiempo, pero la esencia no se pierde.

El distrito de Ñacuñan tiene muchas Historias Urbanas, como los ruidos en la escuela Albergue, los docentes nuevos no creen hasta que pasan la primera noche.

El Perro Bestial que acompaña a los puesteros en la noche, que es un pérfido pequeño al principio y a medida que se va avanzando, se tornando dimensiones abismales y después desaparece.

La llorona que sale a deambular por las calles de Ñacuñan, entre otras que son leyendas para otra ocasión.

Fundamentaciones

La estancia donde está ubicado el Cementerio de Comandante Salas pertenece a la familia Egea. Ellos viven en Rivadavia y en el contrato de compra en los papeles no se encuentran registros ni nada del camposanto.

Las tierras pertenecieron al Doctor Ortiz en su momento eran más de 20000 hectáreas y fue dividida en dos.

Una de ellas fue adquirida por el Doctor Ambrosiano y este la vendió en 1987 a Don Egea.

Los límites de la propiedad llamada Estancia la Yunta, es desde la línea de la Ruta 157, el alambre Ortiziano y hasta el Rio seco Las Peñas. Comprenden 13.400 hectáreas de campo inculto, donde poseen animales de pasturas.

Don Montiel fue peón de la Estancia la Yunta por muchos años, era de San Rafael, pero de descendencia pampeana.

Don Jorge Alturria Giménez fue un agente municipal el cual falleció en el taller municipal en el año 2017, muy querido por los vecinos en Santa Rosa, donde descansaba la camioneta FORD 250 que el manejaba después la llevaron al mercado de concentración.

Las elecciones eran por electores en ese tiempo, tipo voto cantado.

La Escuela Nº 8699 de la Josefa, ‘‘Por los Senderos de la Patria’’, que nombra el Intendente Municipal Orlando Olivares, fue inaugurada en 1991. Le debe su nombre a él ya que pensó en colocarle el nombre de un programa de radio, que se emitía en esos entonces todos los domingos por Radio Nacional a las 10 de la mañana y paralizaba a toda la provincia, se tomaban el tiempo de escucharlo desde principio.

Producción periodística: Helvio Sosa Suarez, Comunicador Social de Santa Rosa, Mendoza.

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