Avanza la Megacausa donde hay esteños involucrados

Por Redacción    

La denominada “Megacausa”, resulta de la acumulación de alrededor de 20 causas por Delitos de Lesa Humanidad que se están debatiendo desde el 17 de febrero de 2014, en el IV Juicio de Mendoza. Incluye el tratamiento de apropiación de una menor, detenciones, secuestros, torturas, violaciones, desapariciones y/o asesinatos contra más de 200 víctimas. Dichos delitos fueron perpetrados por las Fuerzas Armadas; la cúpula y subalternos de Policía de la Provincia, los responsables de las torturas en la Penitenciaria Provincial, y 4 jueces que omitieron investigar los asesinatos y otros crímenes, constituyéndose en cómplices. En la actualidad los imputados son 34 y el juicio tendrá una duración aproximada de 2 años.

En las audiencias de lunes y martes, enmarcadas en la última dictadura militar, el Ministerio Público cerró los alegatos por los operativos vinculados con las privaciones ilegítimas de la libertad de septiembre de 1976 en las que intervino personal de la Comisaría 13 de Rivadavia a instancias de Juan Agustín Oyarzábal, por entonces subjefe del D2 de la Policía de Mendoza.

De esta manera, la fiscal Santoni estableció la responsabilidad del acusado Armando Guevara -ex comisario rivadaviense y quien condujo las detenciones de Mario Díaz, Jesús Riveros y Juan Carlos Bustos- en tanto organizador de una asociación ilícita junto al “plantel permanente” del D2 para propiciar persecuciones sin órdenes ni causas judiciales.

Elvio Belardinelli es una de las víctimas del Sumario Luna de junio de 1976, por la cual el Ministerio Público ha alegado durante las últimas semanas y concluyó ayer con otros casos conexos como la privación ilegítima de la libertad y torturas que sufrió Mario Díaz entre el 17 de septiembre de 1976 y el 15 de marzo de 1984, con consecuencias irremediables para su salud y ánimo.

El pasado lunes, la fiscal Patricia Santoni se ocupó de los dos procedimientos de secuestros contra Belardinelli -respectivamente el 7 de junio y el 18 de agosto del año 76- y de sus detenciones en la Comisaría 13, en el D2, en la Comisaría Séptima, en la Penitenciaría Provincial y en la U9 de La Plata, con las imputaciones de Juan Agustín Oyarzábal -segundo jefe del D2- y de Armando Hipólito Guevara, ex policía y comisario, segundo en jerarquía de la Comisaría 13 de Rivadavia, señalada por su activa intervención en operativos contra habitantes de la zona Este.

Los hechos se registraron durante los primeros años de la dictadura y con particular reflejo a las directivas y prácticas de un vecino encumbrado por su posición en el organigrama de la Policía de Mendoza: ni más ni menos que el propio Oyarzábal.

Este influjo quedó evidenciado en buena parte de los testimonios brindados en 2014 durante el juicio por testigos y sobrevivientes de la represión en Rivadavia, donde la persecución alcanzó a partidarios del Justicialismo, jóvenes estudiantes y laburantes de pueblo, mayormente con baja actividad militante.

Así lo estableció la fiscal en la jornada del martes al dar cuenta de la estrecha vinculación entre el D2 y la persecución consumada contra Díaz y ejecutada en su primer tramo por personal de la Seccional 13 a cargo de Guevara, en base a las declaraciones obtenidas bajo tortura en el primer secuestro sufrido por Belardinelli en tanto víctima del Operativo Luna.

A consecuencia de la detención de Díaz, su traslado y aplicación de torturas en el D2, la mañana del 17 de septiembre del ‘76 fueron detenidos por policías de la 13 en sus respectivas casas a escasos metros de la comisaría de Rivadavia los jóvenes vecinos, recientes padres y cuñados entre sí, Jesús Manuel Riveros y Juan Carlos Bustos.

Por los cuatro hechos el único acusado es Guevara ya que Oyarzábal falleció hace pocas semanas, un despropósito que demuestra la laguna de imputaciones de responsabilidades en la que suele incurrir la justicia si se tiene en cuenta que las víctimas refirieron que el mayor trance de sus detenciones fue por las torturas que les aplicaron en el D2.

Elvio Miguel Belardinelli militaba activamente en el Partido Justicialista, apoyó a Martínez Baca y luego fue congresal provincial, vivía en Rivadavia con su esposa y tenía un taller de tornería en el que trabajaba por cuenta propia. A Oyarzábal lo conocía del pueblo. El 7 de junio de 1976 fue detenido al allanarse el domicilio de calle Huarpes de la ciudad de Mendoza donde se buscaba a Emilio Assales y se secuestró un contrato de locación del que había sido garante.

En el debate dijo que creía que, en dicha oportunidad, había estado sólo un día en el D2. La segunda vez fue detenido el 18 de agosto de 1976, mientras trabajaba en su taller y un policía de apellido Navarro le dijo que el comisario Guevara lo mandaba llamar. Fue en su auto hasta la Seccional frente a la Iglesia y cuando llegó, el comisario lo hizo pasar a un dormitorio. Nadie le explicó por qué quedaba detenido.

Ese mismo día lo trasladaron al D2, donde permaneció dos meses bajo torturas. Luego estuvo un mes en la Comisaría Séptima y otro en la Penitenciaría hasta que fue trasladado a La Plata en diciembre de 1976, desde donde un año después recuperó la libertad.

Mario Roberto Díaz tenía 22 años, vivía en Rivadavia con sus padres y militaba en la Juventud Peronista local. El sábado 17 de septiembre de 1976 por la mañana, se presentó en su domicilio un policía vestido de civil diciéndole que lo tenía que acompañar a la Comisaría 13 para formularle unas preguntas. Concurrió con sus padres. El entonces subcomisario Armando Hipólito Guevara le dijo que lo dejarían detenido por pertenecer a Montoneros y lo alojaron en un calabozo hasta el día siguiente hasta que el propio Guevara le comunicó su traslado. Lo encapucharon y subieron a un vehículo con rumbo al D2. Días después, la respuesta de Guevara a Hortensia Ramos, la madre de Díaz, fue que ‘su hijo se fue’. Oyarzábal directamente le justificaría las torturas.

Al llegar al D2 le bajaron la venda de los ojos y vio a Oyarzábal, a quien conocía por vivir en Rivadavia, ser vecino suyo y conocido de su padre, y le dijo ‘bueno, vamos a ver cómo se porta mi pollo’. Volvieron a vendarlo, a atarlo de pies y manos y lo condujeron por un ascensor hasta un lugar donde lo golpearon intensamente, le aplicaron picana eléctrica en todo el cuerpo -principalmente en los testículos- y también le hicieron el submarino.

Debido a la sensación de asfixia que sentía, simuló desmayarse, por lo cual lo colocaron de espaldas en un banco, y al caérsele la venda de los ojos vio a Oyarzábal junto con otros sujetos al lado del tacho con agua en el que le sumergían la cabeza. La golpiza en el cuello le provocó una afección crónica en las vértebras cervicales.

A los tres días de estar en el D2, secuestran a su amigo Jesús Manuel Riveros y a su cuñado José Luis Bustos, quienes no tenían ninguna militancia política. Ambos fueron intensamente golpeados en su presencia, dejándolos en libertad una semana después. Luego las torturas fueron disminuyendo y alojaron a Díaz en una celda con otros detenidos hasta que hicieron una limpieza en el D2 y los repartieron en distintas comisarías.

Él fue a la Tercera junto con López Muñoz, adonde eran encapuchados para interrogarlos, amenazándolos con que todavía tenían un boleto para el Carrizal o que irían al paredón. Luego fue trasladado a la Penitenciaría y estuvo en La Plata, Devoto, Caseros y Rawson, completando siete años y medio en prisión.

Testimonio de la madre de Mario Díaz (2014)

Avanza la Megacausa donde hay esteños involucrados.

Fue el que brindó en el megajuicio Hortensia Ramos, en nombre de Mario Díaz, joven dirigente de la Juventud Peronista secuestrado a finales de otoño de 1976 en Rivadavia. Por su causa están imputados Juan Oyarzábal y Armado Guevara, dos ex policías que desde las respectivas órbitas del D2 y la Seccional 13, ejercieron una articulada, fuerte y poco conocida represión en el este provincial. Del primero dijo que le reconoció que torturaban a los prisioneros, en tanto que el segundo le negó falsamente conocer el paradero de su hijo.

Hortensia Ramos fue testigo por la privación ilegítima de la libertad, las lesiones y torturas que sufrió su hijo Mario Roberto Díaz a partir de que fue arrancado con engaños del hogar familiar en Rivadavia por un oficial de policía conocido suyo, el “Colorado” Martín, ya fallecido. Él lo condujo a la Seccional 13 de ese departamento, entonces a cargo del subcomisario Armando Hipólito Guevara.

El frontal y directo testimonio de Hortensia, además de corroborar lo declarado por ella y su hijo, permitió recrear las severas implicaciones para los dos acusados, el ex subjefe del D2 y vecino de Rivadavia, Juan Agustín Oyarzábal, y Guevara.

Según comentó Ramos, fue el mismo Oyarzábal quien le comunicó que “lo habían detenido por unas averiguaciones” y que se lo “iban a devolver pronto”. Al día siguiente fue el subcomisario Guevara quien le mintió al informarle “que no lo tenían”, que Mario “había firmado el libro y se había ido sin intenciones de volver  a su casa”.

El matrimonio Díaz conocía además a Guevara de San Martín. Hortensia lo definió como “una persona falsa, asesina, maldita, que le hacía a una creer cualquier cosa”. Y agregó: “sabíamos que habían secuestrado a nuestro hijo y lo habían torturado, sabíamos que tenían un torturador que me tenía miedo cuando nos cruzábamos en la calle y estaba ese señor Guevara a cargo”.

Hortensia Ramos aprovechó la cercanía de Oyarzábal para increparlo acerca de las torturas contra las personas detenidas en el D2, al tanto gracias a las visibles marcas en las prendas que le remitían de su hijo. Describió: “Me hinqué frente a él, mi hijo era discapacitado, -su brazo derecho permanecía inmóvil desde el nacimiento- entonces el señor Oyarzabal me dijo “¿Y si no los torturamos, cómo podemos saber lo que queremos? Por eso los torturamos”.

Ella fue contundente: “No tiene compasión de nadie, es un ser asesino”, dijo, y recordó que “necesitaba que le entregaran gente, se vanagloriaba en las fiestas de las personas que había matado, una noche se jactó de haber matado a seis personas”. Por eso es una mala palabra en Rivadavia”.

Recién el 15 de marzo de 1.984 pudo Mario Roberto Díaz recuperar su libertad. Luego de lo que soportó en 1.976 en Mendoza, fue trasladado a la U9 de la Plata, Caseros, Devoto, Sierra Chica y Rawson, único punto al que su madre no pudo visitarlo.

“Nosotros somos gente humilde, de trabajo. Más de una vez no comimos porque tenía que viajar. O pedíamos plata prestada pero nunca lo abandoné. Me fui inmediatamente a La Plata y lo pude ver, después lo empezaron a llevar de cárcel en cárcel. A Sierra Chica llegué a la medianoche, andaba por las calles sola, con un miedo espantoso porque no conocía a nadie y de repente aparecía gente al lado mío y yo corría porque no tenía dónde ir”.

“Hemos pasado años de sufrimientos. Supe de sus torturas en el D2 por algunos de sus compañeros como Jorge Becerra, a quien le quemaron los pies con la picana y mi hijo le hacía las curaciones. A él le quemaron los ojos, lo acostaban boca abajo en el piso y le saltaban encima. Me entregaron una piltrafa humana, tenía problemas de ánimo. Se levantaba por las mañanas sin poder dormir porque no podía recordar cómo tuvo la fuerza necesaria para resistir todas las atrocidades que le hicieron. Luego empezó a caer y a caer y no se recuperó más”.

Próxima fecha

La próxima Audiencia se llevará adelante el lunes 02 de mayo de 2016, a las 09:30 hs, en el primer piso de los Tribunales Federales. El Juicio es de carácter Público, de modo que se puede ingresar presentando DNI (mayores de 18), pero hay que tener en cuenta que la capacidad de la sala es pequeña.

Fuentes: www.nacionalmendoza.com.ar //  www.juiciosmendoza.wordpress.com

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